Por: Mateo Echeverry
Es indudable que la marcha del 4 de Febrero fue un acto multitudinario. Según las cifras que publicaron los medios, cerca de 10 millones de colombianos salieron a gritar “No más FARC. No más secuestro. No más mentiras. No más terrorismo”. La movilización, creada por un usuario de la comunidad virtual Facebook, contó con una gran participación de los medios de comunicación, antes, durante y después del 4 de Febrero.
Lo ocurrido en la marcha contra las FARC , no podemos desconectarlo de una serie de hechos, que tienen su raíz en la incorporación, y posterior retiro, del Presidente de la República Bolivariana, Hugo Chávez Frías, como mediador con las FARC en la búsqueda de un acuerdo humanitario. El emotivo abrazo con que recibió Chávez al delegado de las FARC, “Iván Márquez”, en el Palacio de Miraflores, el 8 de Noviembre, empezó a generar una sutil indignación en los medios de comunicación. Pero el punto momento decisivo se dio cuando Uribe, el 22 de Noviembre, le retiró a Chávez la autorización para mediar con el grupo guerrillero.
La fuerte reacción del Mandatario Venezolano, seguida también de la fuerte respuesta de Uribe, sirvió para que desde ese entonces en los medios, se planteara un fuerte acento nacionalista a toda la información que se generaba desde Caracas. Las perturbadoras pruebas de supervivencia, en las que se mostraba el trato degradante que las FARC les dan a los secuestrados, la victoria que se anotó el gobierno al desmentir que la guerrilla tuviera al niño Emmanuel y la sorpresiva propuesta de Chávez de darles un reconocimiento político a las FARC y al ELN, fueron una serie de hechos que fueron marcando más la polarización en el discurso de los medios y atizando la rabia en la opinión pública.
Aunque la discusión se centre, como parte de un rasgo característico de la sociedad colombiana contemporánea, en “si es uribista o es antiuribista” la información que los medios presentan, cabe resaltar que nunca los medios habían planteado tan fuertemente la agenda de los secuestrados. Informar ampliamente sobre la magnitud de la tragedia que es para Colombia la presencia de 706 secuestrados en las montañas es una labor que no se puede discutir. Es un imperativo moral.
Es en este ambiente de tensión, indignación e impotencia, que una propuesta popular en Internet, es catapultada por los medios para convertirse en la marcha que llenó las calles de Colombia. Durante días se vivió un duro debate en las columnas de opinión de si se debería apoyar la marcha o no. Opositores del gobierno como Daniel Samper proponían que sí. Otros opositores como Antonio Cabalero decían que daba igual.
El cubrimiento que le dieron los medios a la marcha fue masivo, pero paradójicamente, un poco superficial. La emotividad y dimensión de la manifestación la hacían más apropiada para el deleite estético (muy apropiadamente RCN tuvo a su servicio un helicóptero que daba vueltas por todo Bogotá trasmitiendo las imágenes en vivo). Más allá de las imágenes, la información de los medios se limitó a interpretar la marcha como una señal de “unión entre los colombianos”. Lo que no hicieron fue matizar el significado que para cada marchante tenía. La imagen de la gran masa blanca desplazándose opacó las particularidades de la jornada.
Analizando los medios no resulta tan interesante la cobertura de la marcha en sí, sino, la fuerte decisión de los medios de apoyar esta marcha particular creada por un ciudadano cualquiera.
viernes 8 de febrero de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada