Este blog tuvo un largo silencio. Esta es la explicación que da su creador a sus pocos o nulos lectores que lo acompañan.
Hay momentos en que la emoción es demasiado grande como para ponerse a escribir. Entre algunos amigos comentábamos que estábamos viviendo un momento histórico, y demás pendejadas adjuntas. Con el pecho inflado, cual sapos en época de apareamiento, hablábamos de cómo los jóvenes íbamos ahora si a cambiar las cosas en Colombia. Con esa carreta era difícil sentarse a escribir sin sonar melcochudo o cursi. Por eso mismo creo que lo evite.
La esperanza es un sentimiento muy bonito pero puede ser totalmente desagradable exponerlo tan abiertamente. O acaso no les dan arcadas cuando oyen a Dieguito Torres y su “Color Esperanza”. A mí me dan ganas de perder la esperanza para siempre.
Pero volvamos a examinar qué pasó con el cambio que se supone iba a ocurrir en los rumbos de Colombia. Esa Colombia que gobernada por Mockus nos iba a dar un nuevo aire.
Los signos del cambio eran inequívocos: se caía un referendo que perpetua a Uribe en la presidencia; un tío mío, más godo que Laureano Gómez, decidió hacerse parte del Partido Verde; incontables afiches de Mockus adornaban todo mi recorrido por la congestionada y agresiva Carrera Séptima.
Hasta Facebook, lugar estéril para el pensamiento y por eso fundamental para la existencia, empezaba a convertirse en un foro sobre los rumbos del país. Las fotos de asados de desconocidos le daban paso a una lluvia de manifestaciones políticas. Al principio fue inspirador, después se volvió perturbador. Qué es el Facebook sino un lugar en donde la gente se toma fotos ridículas que después clasifica en un álbum bajo el nombre de “desparche”. Yo por ese tipo de cosas es que abrí FB, no para largos sermones.
En fin, los planetas parecían haberse alineados para bien. O mejor, contra “los de bien”. El clima para un cambio no podía ser más propicio. Y hasta parecía que en primera vuelta la victoria de Mockus estaba cantada. Pero no.
Y este es el momento específico donde este blog vuelve. Porque la esperanza se perdió con la aplastante victoria del clientelista y calculador Santos. Pero también se perdió con discursito cantadito de Mockus.
domingo 6 de junio de 2010
jueves 28 de enero de 2010
Yo viví un terremoto
En Diario despertar de Oaxaca: http://www.diariodespertar.com.mx/politica/agora/27434-viv-terremoto.html
por: Mateo Echeverry
BOGOTÁ, Colombia.- Yo tenía 12 años cuando un terremoto destruyó la ciudad en que vivía. Armenia, una pequeña ciudad colombiana ubicada en la cordillera central, fue borrada del mapa por un movimiento de 6.2 en la escala de Richter. Eran la 1:19 de la tarde del 25 de enero de 1999. Murieron 1,185 personas.
Lo que más recuerdo es el sonido. Es algo ensordecedor y abrumador. Es la tierra rugiendo, como si el piso fuera una jaula que, de un momento a otro, se va a romper, y de la cual va a salir un terrible animal salvaje. Es un grito furioso que nos recuerda lo dolorosamente vulnerable e insignificantes que somos.
La segunda cosa que se me viene a la mente es la imagen de las edificaciones caídas.
Los escombros, que son una combinación de hierro retorcido, placas de cemento, pedazo de baldosas, ladrillos… y personas. Los escombros son ese estado de la materia en que algo dejó de ser. El hogar, nuestro rincón de seguridad en el mundo caótico, se vuelve un asesino perfecto. Y es que hay algo perverso en que a uno lo maten esas mismas paredes que uno se esmeró en pintar, decorar y limpiar. Y esta imagen vuelve cuando en algún noticiero se habla de un terremoto en China, en Irán o en Haití. Hasta en el otro lado del mundo los escombros se parecen a los de mi Armenia.
Ninguno de mis parientes murió en el terremoto, afortunadamente. Pero nuestras vidas sí se vieron afectadas. La casa en que vivía con mis padres quedó totalmente inhabitable y tuvo que ser demolida. Mi abuelo vio caer el edificio en que se encontraba su adorado consultorio, y dos de mis tías perdieron, cada una con su familia, sus hogares. Mi familia, que es numerosa, terminó toda refugiada en el hogar de mis abuelos maternos. Todavía recuerdo esa sensación angustiosa que fue la llegada a la casa de mis abuelos, con la incertidumbre de si íbamos a encontrar esa hermosa casa en que se almacenan una cantidad inmensa de recuerdos, o en vez de eso, una irreconocible pila de escombros.
La casa de mis abuelos estaba en pie. La casa de sus vecinos no corrió con la misma suerte.
La gran alegría que produce encontrar con vida a las personas que uno quiere, cuando los escombros dificultan el caminar y el pensar, es increíble. Pero lentamente, esa alegría se disipa para dar paso a la pregunta más difícil. La expresión cambia cuando se pronuncia ese “y ahora qué hacemos”.
Los días que pasamos después del terremoto, refugiados en la casa de mis abuelos maternos, fueron duros. Las constantes replicas impedían que el sueño fuera por lo menos un espacio de tranquilidad en medio de la angustia. También los alimentos empezaron a ser una preocupación mayor, especialmente el agua que, por cuenta de los daños, no era potable. También empezaron a darse saqueos a los almacenes y supermercados entre los sobrevivientes que no habían podido acceder a la ayuda de organismos nacionales e internacionales. Estos grupos de saqueadores recibían el nombre de los vándalos, y producían temor en todos los sobrevivientes, porque entre sus integrantes algunos sí estaban motivados por la obtención de alimentos para sus familias, pero otros, simplemente, aprovechaban la oportunidad para robar elementos que nada tenían que ver con la supervivencia.
Después de unos días, y por cuenta de los disturbios y problemas sanitarios, en mi familia se tomó la decisión de que saliera de Armenia con mi mamá, mis hermanas, mis tías y mis primos. Esos días fueron demoledores también. Caímos todos en un estado de zombis. Sólo volvíamos a la vida para llorar un rato. Luego, otra vez ese estado lejano e irreconocible. Esas lágrimas eran la única señal de que todavía había una persona atrapada. Las mentes también colapsan y se llenan de escombros.
El terremoto del 25 de enero en 1999 fue una de las peores catástrofes que Colombia ha tenido en su historia. Aún así, lo ocurrido en Armenia resulta imposible de comparar con la tragedia de Haití. En Puerto Príncipe fueron enterrados en los primero dos días 4 mil personas, más del doble del total de víctimas del terremoto de Armenia.
Colombia es un país con pobreza y profundas desigualdades socioeconómicas, pero nunca ocupa la posición dramática que tiene Haití como el país más pobre del Hemisferio Norte. Colombia no estaba preparada para una tragedia como la de Armenia, y por ello hubo hambre y disturbios entre los sobrevivientes. Haití, antes del terremoto del 12 de enero, ya tenía índices de hambre como los presentes en el África Subsahariana. Haití simplemente no podía estar preparada para nada. El reto en Haití es por ello gigantesco: rescatar a los ya condenados de la tierra.
No creo en premios o castigos divinos. Mucha gente que trabaja honradamente haciendo este mundo mejor, se los lleva el cáncer, y muchos criminales infames mueren tranquilamente es su cama. Sin embargo el sufrimiento hace que todos necesitemos encontrar un significado a ese dolor. Nadie es capaz de sufrir algo pensando que frente a la respuesta “por qué me pasa esto a mí”, la autoritaria respuesta del mundo va a ser un “porque sí”.
Eso pasa cuando tratamos de encontrarle una razón a la destrucción de Haití. Si Armenia no tenía ninguna culpa por expiar, Haití, con su pobreza y miseria, ya parecía haberlo pagado todo mucho antes del terremoto.
Tengo que confesar que los ojos se me han llenado de lágrimas más de una vez por las imágenes de barrios enteros en el piso. No sé si las lágrimas son por ellos, o si son por mí. No importa, los escombros son iguales en todos los lados.
Trágicamente esas personas que caminan por Haití ya estaban en escombros desde mucho antes de ese devastador terremoto del 12 de enero de 2010.
por: Mateo Echeverry
BOGOTÁ, Colombia.- Yo tenía 12 años cuando un terremoto destruyó la ciudad en que vivía. Armenia, una pequeña ciudad colombiana ubicada en la cordillera central, fue borrada del mapa por un movimiento de 6.2 en la escala de Richter. Eran la 1:19 de la tarde del 25 de enero de 1999. Murieron 1,185 personas.
Lo que más recuerdo es el sonido. Es algo ensordecedor y abrumador. Es la tierra rugiendo, como si el piso fuera una jaula que, de un momento a otro, se va a romper, y de la cual va a salir un terrible animal salvaje. Es un grito furioso que nos recuerda lo dolorosamente vulnerable e insignificantes que somos.
La segunda cosa que se me viene a la mente es la imagen de las edificaciones caídas.
Los escombros, que son una combinación de hierro retorcido, placas de cemento, pedazo de baldosas, ladrillos… y personas. Los escombros son ese estado de la materia en que algo dejó de ser. El hogar, nuestro rincón de seguridad en el mundo caótico, se vuelve un asesino perfecto. Y es que hay algo perverso en que a uno lo maten esas mismas paredes que uno se esmeró en pintar, decorar y limpiar. Y esta imagen vuelve cuando en algún noticiero se habla de un terremoto en China, en Irán o en Haití. Hasta en el otro lado del mundo los escombros se parecen a los de mi Armenia.
Ninguno de mis parientes murió en el terremoto, afortunadamente. Pero nuestras vidas sí se vieron afectadas. La casa en que vivía con mis padres quedó totalmente inhabitable y tuvo que ser demolida. Mi abuelo vio caer el edificio en que se encontraba su adorado consultorio, y dos de mis tías perdieron, cada una con su familia, sus hogares. Mi familia, que es numerosa, terminó toda refugiada en el hogar de mis abuelos maternos. Todavía recuerdo esa sensación angustiosa que fue la llegada a la casa de mis abuelos, con la incertidumbre de si íbamos a encontrar esa hermosa casa en que se almacenan una cantidad inmensa de recuerdos, o en vez de eso, una irreconocible pila de escombros.
La casa de mis abuelos estaba en pie. La casa de sus vecinos no corrió con la misma suerte.
La gran alegría que produce encontrar con vida a las personas que uno quiere, cuando los escombros dificultan el caminar y el pensar, es increíble. Pero lentamente, esa alegría se disipa para dar paso a la pregunta más difícil. La expresión cambia cuando se pronuncia ese “y ahora qué hacemos”.
Los días que pasamos después del terremoto, refugiados en la casa de mis abuelos maternos, fueron duros. Las constantes replicas impedían que el sueño fuera por lo menos un espacio de tranquilidad en medio de la angustia. También los alimentos empezaron a ser una preocupación mayor, especialmente el agua que, por cuenta de los daños, no era potable. También empezaron a darse saqueos a los almacenes y supermercados entre los sobrevivientes que no habían podido acceder a la ayuda de organismos nacionales e internacionales. Estos grupos de saqueadores recibían el nombre de los vándalos, y producían temor en todos los sobrevivientes, porque entre sus integrantes algunos sí estaban motivados por la obtención de alimentos para sus familias, pero otros, simplemente, aprovechaban la oportunidad para robar elementos que nada tenían que ver con la supervivencia.
Después de unos días, y por cuenta de los disturbios y problemas sanitarios, en mi familia se tomó la decisión de que saliera de Armenia con mi mamá, mis hermanas, mis tías y mis primos. Esos días fueron demoledores también. Caímos todos en un estado de zombis. Sólo volvíamos a la vida para llorar un rato. Luego, otra vez ese estado lejano e irreconocible. Esas lágrimas eran la única señal de que todavía había una persona atrapada. Las mentes también colapsan y se llenan de escombros.
El terremoto del 25 de enero en 1999 fue una de las peores catástrofes que Colombia ha tenido en su historia. Aún así, lo ocurrido en Armenia resulta imposible de comparar con la tragedia de Haití. En Puerto Príncipe fueron enterrados en los primero dos días 4 mil personas, más del doble del total de víctimas del terremoto de Armenia.
Colombia es un país con pobreza y profundas desigualdades socioeconómicas, pero nunca ocupa la posición dramática que tiene Haití como el país más pobre del Hemisferio Norte. Colombia no estaba preparada para una tragedia como la de Armenia, y por ello hubo hambre y disturbios entre los sobrevivientes. Haití, antes del terremoto del 12 de enero, ya tenía índices de hambre como los presentes en el África Subsahariana. Haití simplemente no podía estar preparada para nada. El reto en Haití es por ello gigantesco: rescatar a los ya condenados de la tierra.
No creo en premios o castigos divinos. Mucha gente que trabaja honradamente haciendo este mundo mejor, se los lleva el cáncer, y muchos criminales infames mueren tranquilamente es su cama. Sin embargo el sufrimiento hace que todos necesitemos encontrar un significado a ese dolor. Nadie es capaz de sufrir algo pensando que frente a la respuesta “por qué me pasa esto a mí”, la autoritaria respuesta del mundo va a ser un “porque sí”.
Eso pasa cuando tratamos de encontrarle una razón a la destrucción de Haití. Si Armenia no tenía ninguna culpa por expiar, Haití, con su pobreza y miseria, ya parecía haberlo pagado todo mucho antes del terremoto.
Tengo que confesar que los ojos se me han llenado de lágrimas más de una vez por las imágenes de barrios enteros en el piso. No sé si las lágrimas son por ellos, o si son por mí. No importa, los escombros son iguales en todos los lados.
Trágicamente esas personas que caminan por Haití ya estaban en escombros desde mucho antes de ese devastador terremoto del 12 de enero de 2010.
jueves 10 de diciembre de 2009
Señor Procurador, por lo menos, no nos quite el regaetton
Y es una cuestión de tiempo antes que ocurra. Una terrorífica mañana, en donde, en pleno desayuno, la taza de tinto caerá al piso al ver el titular del periódico: “Prohibido el regaetton en Colombia”. Con las lágrimas en los ojos trataremos de levantar los escombros del pocillo de tinto, mientras, en la misión de limpieza, sobre el café regado caen unas grandes y pesadas lágrimas de un casual danzante de ese glorioso ritmo pélvico que recibe el nombre de regeatton.
Es que es una cuestión de tiempo para que esta avalancha de moralismo de la actualidad imponga los cantos gregorianos en toda reunión de jóvenes. Ya lograron sacar adelante la penalización de la dosis personal, y al mando de Monseñor Procurador avanza, exitosamente, la cruzada para evitar que los jóvenes accedan a cualquier información sobre sus derechos sexuales. Por eso no falta que en este orden de ideas un día saquen la conclusión que toda la “falta de valores” de nuestra sociedad se debe a Daddy Yankee o a Don Omar.
Claro, el paso después de imponernos a todos la sobriedad y la castidad es eliminar un ritmo como el regaetton que incita a mover la pelvis, y por ende, al PECADO. Van a ver, de aquí a que Uribe acabe su presidencia (2030 o por ahí), vamos estar bailando en círculos separados de hombres y mujeres. Sobrios, castos y disfrutando cantos gregorianos con los amigos, qué mejor imagen para promocionar a Colombia como un paraíso turístico. Se podría cambiar el lema de “Colombia, el único riesgo es que te puedas quedar”, a un casto, “Colombia, lo único que puedes hacer es aguantar”.
Claro, uno entiende la necesidad. Hasta algún estudio publicarán en el noticiero de RCN del medio día, en que se diga que los hijos fuera del matrimonio tienen tendencia a cuanta cosa inmoral exista. Ya veo a esa supuesta psicóloga de RCN, Annie de Acevedo, asegurando que los hijos fuera del matrimonio tienen tendencia al alcoholismo, a la drogadicción, a ser subversivos… y por supuesto, a ser regettoneros.
Así que les pido a todos ustedes que nos unamos en oración para ver si el Dios del Monseñor Procurador -ese que vive en la Casa de Nari- por lo menos nos deja ese último bastión de “inmoralidad” para nosotros. Hasta podemos mirar cuantos somos los enfermos que bailamos regatton y podemos ofrecer nuestros voticos a la bancada uribista. Nosotros somos unos decadentes, desagradables y unos podridos, y por eso los hermanos del Partido de la U se pueden ver totalmente identificados con nosotros.
Pero eso si, si nos prohíben el regaetton, propongo una gran manifestación para hacernos notar. Toda una gran marcha que concluya en la Plaza de Bolivar, en donde realizaremos movimientos pélvicos obscenos apuntando hacia la Casa de Nariño.
Metanse con el regaetton... esa si que no la pueden ganar.
Comentario 1 : Lo curioso es que entre más ganas tienen que todos en la vida privada seamos “castos, sobrios y de bien”, nadie le pide lo mismo a los que nos mandan. Que me empiecen a hablar de “valores” cuando la corrupción sea erradicada (el año pasado fue de 4 billón de pesos). Cuando los subsidios sean para los menos favorecidos y no para lo más ricos de los ricos, como paso con el caso de Agro Ingreso Seguro. Cuando no compren votos de congresistas con notarias y embajadas, como lo que pasó con la reelección.
Comentario 2: Saben que Word no reconoce la palabra “uribista” y propone que la corriga por “arribista”. Hagan la prueba.
Es que es una cuestión de tiempo para que esta avalancha de moralismo de la actualidad imponga los cantos gregorianos en toda reunión de jóvenes. Ya lograron sacar adelante la penalización de la dosis personal, y al mando de Monseñor Procurador avanza, exitosamente, la cruzada para evitar que los jóvenes accedan a cualquier información sobre sus derechos sexuales. Por eso no falta que en este orden de ideas un día saquen la conclusión que toda la “falta de valores” de nuestra sociedad se debe a Daddy Yankee o a Don Omar.
Claro, el paso después de imponernos a todos la sobriedad y la castidad es eliminar un ritmo como el regaetton que incita a mover la pelvis, y por ende, al PECADO. Van a ver, de aquí a que Uribe acabe su presidencia (2030 o por ahí), vamos estar bailando en círculos separados de hombres y mujeres. Sobrios, castos y disfrutando cantos gregorianos con los amigos, qué mejor imagen para promocionar a Colombia como un paraíso turístico. Se podría cambiar el lema de “Colombia, el único riesgo es que te puedas quedar”, a un casto, “Colombia, lo único que puedes hacer es aguantar”.
Claro, uno entiende la necesidad. Hasta algún estudio publicarán en el noticiero de RCN del medio día, en que se diga que los hijos fuera del matrimonio tienen tendencia a cuanta cosa inmoral exista. Ya veo a esa supuesta psicóloga de RCN, Annie de Acevedo, asegurando que los hijos fuera del matrimonio tienen tendencia al alcoholismo, a la drogadicción, a ser subversivos… y por supuesto, a ser regettoneros.
Así que les pido a todos ustedes que nos unamos en oración para ver si el Dios del Monseñor Procurador -ese que vive en la Casa de Nari- por lo menos nos deja ese último bastión de “inmoralidad” para nosotros. Hasta podemos mirar cuantos somos los enfermos que bailamos regatton y podemos ofrecer nuestros voticos a la bancada uribista. Nosotros somos unos decadentes, desagradables y unos podridos, y por eso los hermanos del Partido de la U se pueden ver totalmente identificados con nosotros.
Pero eso si, si nos prohíben el regaetton, propongo una gran manifestación para hacernos notar. Toda una gran marcha que concluya en la Plaza de Bolivar, en donde realizaremos movimientos pélvicos obscenos apuntando hacia la Casa de Nariño.
Metanse con el regaetton... esa si que no la pueden ganar.
Comentario 1 : Lo curioso es que entre más ganas tienen que todos en la vida privada seamos “castos, sobrios y de bien”, nadie le pide lo mismo a los que nos mandan. Que me empiecen a hablar de “valores” cuando la corrupción sea erradicada (el año pasado fue de 4 billón de pesos). Cuando los subsidios sean para los menos favorecidos y no para lo más ricos de los ricos, como paso con el caso de Agro Ingreso Seguro. Cuando no compren votos de congresistas con notarias y embajadas, como lo que pasó con la reelección.
Comentario 2: Saben que Word no reconoce la palabra “uribista” y propone que la corriga por “arribista”. Hagan la prueba.
domingo 6 de diciembre de 2009
Sobre Nicolas Castro y su grupo de Facebook
Referente al tema de Nicolás Castro, y lo del grupo amenazante contra Jeronimo Uribe, quedan varias cosas:
1. Por qué se mueve la justicia tan rápido en estos casos y no en las amenazas que salieron del computador de Carlos Nader contra el periodista Daniel Coronell.
2. Parecería que la única forma que tiene la Fiscalía para encontrar culpables es que ellos mismo abran grupos de Facebook. Entonces toca buscar quien es el dueño del grupo "Yo me comprometo a chuzar a los periodistas, magistrados y directores de ONG´s que no estén con el gobierno".
3. Acaso nadie se acuerda de una declaración, del entonces Ministro de Interior Carlos Holguín Sardi, quien cuando se le preguntó sobre las amenazas de muerte contra la senadora Piedad Córdoba dijo, “Pues algo habrá hecho”.
4. Es estúpido e irresponsable abrir grupos que inviten a asesinar a cualquier persona. Es una actitud inmadura y peligrosa en un país en el que “contradictor” se ha confundido con “enemigo”. No comparto la idea de armar un grupo en Facebook alrededor de la idea de asesinar a alguien. Aun así, la pregunta fundamental es cuál es la verdadera peligrosidad de un individuo como Castro. ¿Estamos hablando de un individuo inmaduro o de un verdadero conspirador?
5. Otra pregunta es, si este tipo de investigaciones se hacen contra los creadores de los grupos contra la Senadora Piedad Cordoba. Los mensajes de odio en estos grupos contra la Senadora Cordoba son una cosa que da escalofrio. Esperemos que estas investigaciones también se adelanten.
6. Frente a esa pregunta de la verdadera peligrosidad de Nicolas Castro hay algo claro: la paranoia latente en la mentalidad colombiana, que ha traído de vuelta el pensamiento de la Guerra Fría, hace de este caso el mejor ejemplo de la idea que existe una “izquierda unida internacional”. En otras palabras, si no eres uribista eres chavista. El general Gilberto Ramirez señalo que ““(Nicolás Castro) es miembro de redes que instigan al terrorismo a nivel internacional, lo tenemos comprobado... accedía a páginas que tienen que ver con la organización terrorista Farc, Al qaeda y otros grupos terroristas del mundo”(Fuente : Semana).
7. Y pues a todos los que lean esto queda decirles que esta investigación contra Nicolás Castro deja de manifiesto que Facebook es una excelente herramienta de espionaje. No se confundan en Colombia la libertad de "expresión" es una forma de lograr la "identificación" de los "factores de inestabilidad". No sea tan inocentes, el DAS chuza pero tambien tiene FAcebook.
1. Por qué se mueve la justicia tan rápido en estos casos y no en las amenazas que salieron del computador de Carlos Nader contra el periodista Daniel Coronell.
2. Parecería que la única forma que tiene la Fiscalía para encontrar culpables es que ellos mismo abran grupos de Facebook. Entonces toca buscar quien es el dueño del grupo "Yo me comprometo a chuzar a los periodistas, magistrados y directores de ONG´s que no estén con el gobierno".
3. Acaso nadie se acuerda de una declaración, del entonces Ministro de Interior Carlos Holguín Sardi, quien cuando se le preguntó sobre las amenazas de muerte contra la senadora Piedad Córdoba dijo, “Pues algo habrá hecho”.
4. Es estúpido e irresponsable abrir grupos que inviten a asesinar a cualquier persona. Es una actitud inmadura y peligrosa en un país en el que “contradictor” se ha confundido con “enemigo”. No comparto la idea de armar un grupo en Facebook alrededor de la idea de asesinar a alguien. Aun así, la pregunta fundamental es cuál es la verdadera peligrosidad de un individuo como Castro. ¿Estamos hablando de un individuo inmaduro o de un verdadero conspirador?
5. Otra pregunta es, si este tipo de investigaciones se hacen contra los creadores de los grupos contra la Senadora Piedad Cordoba. Los mensajes de odio en estos grupos contra la Senadora Cordoba son una cosa que da escalofrio. Esperemos que estas investigaciones también se adelanten.
6. Frente a esa pregunta de la verdadera peligrosidad de Nicolas Castro hay algo claro: la paranoia latente en la mentalidad colombiana, que ha traído de vuelta el pensamiento de la Guerra Fría, hace de este caso el mejor ejemplo de la idea que existe una “izquierda unida internacional”. En otras palabras, si no eres uribista eres chavista. El general Gilberto Ramirez señalo que ““(Nicolás Castro) es miembro de redes que instigan al terrorismo a nivel internacional, lo tenemos comprobado... accedía a páginas que tienen que ver con la organización terrorista Farc, Al qaeda y otros grupos terroristas del mundo”(Fuente : Semana).
7. Y pues a todos los que lean esto queda decirles que esta investigación contra Nicolás Castro deja de manifiesto que Facebook es una excelente herramienta de espionaje. No se confundan en Colombia la libertad de "expresión" es una forma de lograr la "identificación" de los "factores de inestabilidad". No sea tan inocentes, el DAS chuza pero tambien tiene FAcebook.
lunes 2 de noviembre de 2009
Apague y vámonos, que esto se llenó de terroristas
Las imágenes son las siguientes. Primero: Un grupo de estudiantes interrumpen el paso del carro blindado del rector de la Universidad. Segundo: el carro es rodeado por los Decanos de la Institución educativo para proteger la vida del rector. Tercero: el Esmad entra a la Institución para acabar con la retención y alejar a los terroristas. Cuarto: entra el Presidente Uribe a dar un parte de tranquilidad.
La secuencia es lógica, y así fue que se presentó ante la opinión pública, o mejor, ante el Estado de Opinión, como José Obdulio nos ha indicado que es correcto decir. Lo cierto es que las imágenes no hablan por sí solas. Las imágenes tienen que ser interpretadas, y lo que ocurrió en la Universidad Nacional es un ejemplo claro de lo importante que resulta entender el contexto al por menor para una correcta interpretación de los hechos.
Lo que pasó en la Nacional ese viernes fue otra cosa. Los estudiantes que le pedían a Wasserman dar un debate en el Auditoría León de Greiff no estaban armados, no tenían las caras tapadas y, como lo señalaron los Decanos que rodearon el carro del Rector, los estudiantes nunca pusieron en riesgo la vida del Rector. Una prueba contundente es el dialogo que los líderes estudiantiles tuvieron con la FM de Vicky Davida, en donde le señalaron en qué consistía el acto de presión para que diera la cara ante un debate que había esquivado innumerables ocasiones. Wasserman, el rector, mientras en el carro sabía que el Esmad estaba avanzando hacia él, y no avisó a los Decanos de la posible violencia que se iba a desencadenar. Y pues, como lo señala el video que reveló Noticias Unos de los primeros enfrentamientos, las papas bombas que explotaron sospechosamente venían del lado opuesto de los estudiantes. Más exactamente, hay serios indicios que los explosivos fueron tirados por la Policia como forma de justificar la entrada al Campus. El rector había sido liberado mucho antes por iniciativa de los estudiantes.
Resulta casi imposible explicarle la complejidad de la situación a ese 85 % de “ciudadanos de bien”. Ellos ven terrorismo, ven “guerrilleros de la Universidad Nacional”. Lo más simpático de esto es que Uribe, quien salió también de una Universidad Pública- la de Antioquia- es la prueba máxima que la educación pública no produce guerrilleros. Porque Uribe es muchas, muchas cosas, pero guerrillero no.
Pero si algo logramos sacar de conclusión de esta telenovela ocurrida en la Nacional, es que Uribe cree que las Universidades están llenas de terroristas. Son constantes las declaraciones que ha dado respecto a que lo que él denomina “la infiltración de terroristas” en los campus. Resulta problemático entender como el uribismo, con esa belicismo que confunde “contradictor” con “terrorista”, va a trazar la línea en esta materia.
Para complicar un poco más las cosas sólo basta leer “La guerra política como un concepto de guerra integral” un artículo publicado por José Miguel Narváez Martínez, en la Revista de las Fuerzas Militares en marzo de 1997. Hay que entender que Narváez actualmente se encuentra detenido por las investigaciones por las chuzadas y ha sido vinculado a las investigaciones por los asesinatos de Jaime Garzón y el senador Iván Cepeda. Y que este señor Narváez fue ex subdirector del DAS, asesor del Ministerio de Defensa y profesor de la Escuela de Guerra.
En este artículo Narváez señala “El trabajo de la subversión desarmada ha logrado en este proceso colombiano de conflicto interno más resultados en contra del Estado como un todo, que el trabajo del ente subversivo cargando fusiles y ametralladoras.
Es aquí donde se encuentra el verdadero centro del conflicto”. Hay que entender la gravedad que supone una afirmación de este calibre porque viene de alguien que ha tenido acceso a las más altas esferas del poder. El concepto de la “subversión desarmada” desaparece la categoría de civil. El terrorista no tiene que portar armas. El terrorismo se hace en la cabeza, en las ideas. Y a los subversivos se les da de baja.
En ciertos lugares las ideas no son debatibles sino doctrina. En estos momentos un libro de Marx es una prueba tan irrefutable como un fusil. Apague y vámonos, que esto ya se llenó de terroristas.
La secuencia es lógica, y así fue que se presentó ante la opinión pública, o mejor, ante el Estado de Opinión, como José Obdulio nos ha indicado que es correcto decir. Lo cierto es que las imágenes no hablan por sí solas. Las imágenes tienen que ser interpretadas, y lo que ocurrió en la Universidad Nacional es un ejemplo claro de lo importante que resulta entender el contexto al por menor para una correcta interpretación de los hechos.
Lo que pasó en la Nacional ese viernes fue otra cosa. Los estudiantes que le pedían a Wasserman dar un debate en el Auditoría León de Greiff no estaban armados, no tenían las caras tapadas y, como lo señalaron los Decanos que rodearon el carro del Rector, los estudiantes nunca pusieron en riesgo la vida del Rector. Una prueba contundente es el dialogo que los líderes estudiantiles tuvieron con la FM de Vicky Davida, en donde le señalaron en qué consistía el acto de presión para que diera la cara ante un debate que había esquivado innumerables ocasiones. Wasserman, el rector, mientras en el carro sabía que el Esmad estaba avanzando hacia él, y no avisó a los Decanos de la posible violencia que se iba a desencadenar. Y pues, como lo señala el video que reveló Noticias Unos de los primeros enfrentamientos, las papas bombas que explotaron sospechosamente venían del lado opuesto de los estudiantes. Más exactamente, hay serios indicios que los explosivos fueron tirados por la Policia como forma de justificar la entrada al Campus. El rector había sido liberado mucho antes por iniciativa de los estudiantes.
Resulta casi imposible explicarle la complejidad de la situación a ese 85 % de “ciudadanos de bien”. Ellos ven terrorismo, ven “guerrilleros de la Universidad Nacional”. Lo más simpático de esto es que Uribe, quien salió también de una Universidad Pública- la de Antioquia- es la prueba máxima que la educación pública no produce guerrilleros. Porque Uribe es muchas, muchas cosas, pero guerrillero no.
Pero si algo logramos sacar de conclusión de esta telenovela ocurrida en la Nacional, es que Uribe cree que las Universidades están llenas de terroristas. Son constantes las declaraciones que ha dado respecto a que lo que él denomina “la infiltración de terroristas” en los campus. Resulta problemático entender como el uribismo, con esa belicismo que confunde “contradictor” con “terrorista”, va a trazar la línea en esta materia.
Para complicar un poco más las cosas sólo basta leer “La guerra política como un concepto de guerra integral” un artículo publicado por José Miguel Narváez Martínez, en la Revista de las Fuerzas Militares en marzo de 1997. Hay que entender que Narváez actualmente se encuentra detenido por las investigaciones por las chuzadas y ha sido vinculado a las investigaciones por los asesinatos de Jaime Garzón y el senador Iván Cepeda. Y que este señor Narváez fue ex subdirector del DAS, asesor del Ministerio de Defensa y profesor de la Escuela de Guerra.
En este artículo Narváez señala “El trabajo de la subversión desarmada ha logrado en este proceso colombiano de conflicto interno más resultados en contra del Estado como un todo, que el trabajo del ente subversivo cargando fusiles y ametralladoras.
Es aquí donde se encuentra el verdadero centro del conflicto”. Hay que entender la gravedad que supone una afirmación de este calibre porque viene de alguien que ha tenido acceso a las más altas esferas del poder. El concepto de la “subversión desarmada” desaparece la categoría de civil. El terrorista no tiene que portar armas. El terrorismo se hace en la cabeza, en las ideas. Y a los subversivos se les da de baja.
En ciertos lugares las ideas no son debatibles sino doctrina. En estos momentos un libro de Marx es una prueba tan irrefutable como un fusil. Apague y vámonos, que esto ya se llenó de terroristas.
Sobres los aires uribicos....
Una pregunta que queda, después de lo ocurrido con la columnista Claudia López y el suceso de la camiseta de René, integrante de la banda Calle 13, en los premios MTV, es, quién puede opinar sobre lo que pasa en Colombia.
Los de afuera no pueden opinar porque no “entienden a Colombia”, y los que adentro tienen una postura crítica frente a la realidad nacional “no piensan como los colombianos sino le hacen el juego a los terroristas”.
Cabe recordar esa memorable entrevista del Presidente Uribe, concedida al periodista Julián Miglierini, de la BBC, en marzo de este año.
Periodista: ¿Usted quiere ser presidente de Colombia cuatro años más?
Uribe: Siguiente pregunta amigo… ¿Ud. dónde nació?
Periodista: Yo soy argentino
Uribe: Estudie la historia de su país. Deje la democracia colombiana tranquilita. Siguiente pregunta.
Un común denominador en estos tiempos de creciente polarización y radicalización es la tendencia a descalificar a los interlocutores. Los debates no se hacen sobre razones sino sobre adjetivos. Y es esa tendencia a adjetivizar al contrincante, y a transformarlo en enemigo antes de participante del debate democrático, es supremamente grave.
La Colombia radicalizada por el nacionalismo de la actualidad sólo escucha alagos y es totalmente sorda ante la crítica que presupone la existencia de una sociedad democrática.
Si como se ha dicho que “tras la cruz se esconde el diablo”, la pregunta que nos deberíamos hacer seriamente por estos tiempos es ¿quién se esconde tras la bandera?
Los de afuera no pueden opinar porque no “entienden a Colombia”, y los que adentro tienen una postura crítica frente a la realidad nacional “no piensan como los colombianos sino le hacen el juego a los terroristas”.
Cabe recordar esa memorable entrevista del Presidente Uribe, concedida al periodista Julián Miglierini, de la BBC, en marzo de este año.
Periodista: ¿Usted quiere ser presidente de Colombia cuatro años más?
Uribe: Siguiente pregunta amigo… ¿Ud. dónde nació?
Periodista: Yo soy argentino
Uribe: Estudie la historia de su país. Deje la democracia colombiana tranquilita. Siguiente pregunta.
Un común denominador en estos tiempos de creciente polarización y radicalización es la tendencia a descalificar a los interlocutores. Los debates no se hacen sobre razones sino sobre adjetivos. Y es esa tendencia a adjetivizar al contrincante, y a transformarlo en enemigo antes de participante del debate democrático, es supremamente grave.
La Colombia radicalizada por el nacionalismo de la actualidad sólo escucha alagos y es totalmente sorda ante la crítica que presupone la existencia de una sociedad democrática.
Si como se ha dicho que “tras la cruz se esconde el diablo”, la pregunta que nos deberíamos hacer seriamente por estos tiempos es ¿quién se esconde tras la bandera?
lunes 12 de octubre de 2009
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